Cartagena Negra

Cartagena Negra

lunes, 25 de enero de 2016

MUERTES DE SOBREMESA - DAVID JIMÉNEZ, EL TITO

La especie humana es la más salvaje del mundo

        ¿Qué se puede decir de una historia que te agarra el corazón y el intelecto desde el principio y acabas llorando con ella?

        Exactamente eso es lo que me ha ocurrido al leer Muertes de sobremesa. Nos encontramos frente a un relato que, con fondo policial, trata dos temas muy sensibles: la compraventa de niños y el maltrato animal.

        David Jiménez ha entrado por la puerta grande en el difícil mundo de la novela negra aunque, eso sí, se ha puesto el listón muy alto; espero y deseo fervientemente que lo mantenga y, ¿por qué no?, lo supere. Con Muertes de sobremesa se incorpora a esa nómina de escritores jóvenes y algún que otro menos joven que toman como escenarios de sus novelas ciudades conocidas y fácilmente identificables: Dolores Redondo –el valle del Baztán-, Estela Chocarro –alrededores de Pamplona-, Santiago Álvarez –Valencia-, Julio Cesar Cano –Castellón-, César Pérez Gellida –Valladolid-, Antonio Parra –Cartagena-… El Tito toma como excusa Cartagena y más concretamente los aledaños de una barriada –la mía- denominada San Ginés, incluso se hace referencia a mi calle como un punto de la investigación. Es una delicia poder caminar por los vericuetos que los protagonistas patean.

        La historia comienza con un asesinato en un piso del Paseo Alfonso XIII, frente al hipermercado Carrefour. Aquí arranca la búsqueda, por parte del inspector Marcial Lisón, del asesino del café. Después de dieciocho años vuelve a la palestra un asesino en serie para ¡¿convertir?! a sus víctimas en verdugos. El inspector Lisón es un policía muy peculiar, como único amigo de verdad cuenta con su galgo, y tiene que retomar una investigación que le explotó en la cara cuando, a mediados de los años noventa, era un simple agente a las órdenes del inspector Villanueva. Sabe que el asesino del café ha vuelto cuando ve el cadáver desnudo de Emma, mujer de Villanueva, sentado frente a la mesa de la cocina, con dos tazas de café y el dedo anular amputado.

        La investigación es muy enrevesada y difícil. Acompañamos a Marcial Lisón y a su compañera Zoe en sus pesquisas y en sus relaciones personales, incómodas, a veces, y no de buen gusto para algunos de ellos. El autor lleva y trae al lector con gran maestría… con un relato vivo y audaz que, en más de un pasaje, te deja sin respiración y mirando incrédulo lo escrito. Al avanzar, algunas cuestiones no son lo que parecen y las últimas cien páginas son memorables –llegándome a recordar a un autor, muy respetado por mí, como es Pierre Lemaitre en su obra Àlex- donde consigue cuadrar un círculo muy difícil de cuadrar, pero David lo consigue, ¿sin que nos demos cuenta? Puede haber un momento en que uno puede pensar que…, pero lo que realmente es, es una auténtica sorpresa.
 
        En Muertes de sobremesa no solamente se investigan unos hechos pasados… también es interesante poder investigar y negociar con los recuerdos más profundos de algunos de los protagonistas. Sorpresas y gordas las hay, además de mucho amor a los animales –en particular a un galgo-. Lo entiendo perfectamente. Un final muy abierto… que deseo que no se cierre de momento para que podamos seguir de cerca nuevas aventuras de Marcial/Zoe.

        Gracias, David, por esta lectura y por lo mucho que podemos aprender de relaciones, no sólo humanas, sino con nuestros amigos los animales. Al tiempo que dejas muy claro que nadie puede huir de su pasado y hay que estar preparado porque en cualquier momento puede explotarnos en la cara. Posiblemente, en mi interior, acabo de declarar a Muertes de sobremesa como mi mejor novela novel de 2015.

Francisco Marín Pérez


Muertes de sobremesa; David Jiménez Martínez, El Tito


ACEN Editorial 2015. 390 págs. 17 € 

No hay comentarios:

Publicar un comentario