Cartagena Negra

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lunes, 21 de septiembre de 2015

EL VERANO QUE MURIÓ CHAVELA - JOSÉ LUIS CORREA

Muertos de segunda

            Aludiendo a un tópico que a veces aparece en la novela negra, José Luis Correa nos sitúa delante de una de esas víctimas que parecen importar menos que otras: no es español, y dentro de los extranjeros no es inglés, americano ni alemán, por supuesto, y como no es árabe ni ha caído de una patera, pues algo hay que investigar, aunque la policía canaria en este caso no parezca estar muy dispuesta.

            Así entra en escena Ricardo Blanco, a quien su amigo el inspector Gervasio Álvarez le lanza el reto de que vuelva a la investigación de primera línea, para que entre otras cosas termine de centrarse y asumir ya de una vez que el abuelo y amigo Colacho Arteaga no va a regresar de entre los muertos. Y aunque el detective ya casi había levantado del todo la cabeza, este reto termina de insuflarle las energías necesarias para regresar del todo.

            La primera persona narrativa de Correa, propia de toda la serie, sigue brillando en las palabras del detective, con ese guiño a lo Cortázar o Saramago de no individualizar los diálogos con su guión, sino dejarlos dentro del párrafo con el estilo indirecto libre. Ese rasgo, porque no es un truco sino una seña de identidad, enriquece mucho más la narración al ofrecernos de golpe tanto las palabras de unos y de otros como las reflexiones del propio Ricardo.

            Reflexiones que, junto a las pesquisas, la desaparición de un poeta libanés y la presencia de un veterano del sitio de Sarajevo, nos trasladan a una de las guerras más cruentas del pasado siglo XX, a los odios ancestrales entre serbios y bosnios, pero también a la importancia de la amistad ciega, la que puede llevar a alguien a cruzar medio mundo sin hacer preguntas, e incluso la que puede sustentar una venganza.

            Blanco y Álvarez, en pleno verano, tendrán que lidiar con todas esas variables, pero ahí está el estilo mesurado y socarrón de José Luis Correa para hacer que el lector no pierda detalle, y que disfrute una vez más de una geografía que él mismo siempre se encarga de convertir en atrayente.

 Antonio Parra Sanz

El verano que murió Chavela; José Luis Correa

Alba, Barcelona 2014. 264 páginas. 

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