Cartagena Negra

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viernes, 7 de agosto de 2015

MISA NEGRA - OLVIER BARDE-CABUÇON

SIEMPRE QUEDARÁ PARÍS

        Finales de 1759, en la Francia prerrevolucionaria… Misa negra nos presenta una historia que podría y puede darse, salvando todo lo salvable, en más lugares de los que nos gustaría en este 2015. Dentro de la novela encontramos un puzzle curioso, muy bien tejido, con nudos y recovecos físicos y mentales, y por todos ellos navegamos hasta el final, para reflexionar sobre muchas de las ideas que, como gotas de lluvia, caen sobre el lector, y de las que nos quedamos con tres: Superstición, desigualdad social y el control enfermizo sobre la opinión pública.

        Inigualable la recreación de la vida en las calles, las tabernas, los mercados, el modo de vida y costumbres de los habitantes del París de aquella época. Retrato perfecto de la desigualdad tremenda entre el rey, sus cortesanos y el resto de la población, que sobrevive como puede. Las descripciones que Olivier lleva a cabo, en muchos pasajes, encogen el corazón: «De la mesa de los más ricos llegaban a la de los burgueses los restos de las cenas. Y lo que no se comían los burgueses acababan en los puestos callejeros, para los más pobres, en compañía de frutas estropeadas, carnes descompuestas y pescados apestosos» (página 84).

        Misa negra está escrita con una prosa muy refinada, elegante con tintes ligeramente góticos amen de una fina ironía y de un humor inteligente.

“Una noche de diciembre de 1759, el cuerpo sin vida de una joven es encontrado sobre la gélida tumba de un cementerio parisino. No hay sospechosos, y las únicas pistas son una hostia negra, un crucifijo y unas huellas de pasos. En la cancela de otro cementerio aparece un cartel que reza: «Prohibida a Dios la entrada a este lugar». El comisario de muertes extrañas Volnay, junto a su ayudante, el no menos extraño monje hereje, siempre mal vistos por los poderes oficiales, solo podrán contar con sus propias fuerzas para desenmascarar a los organizadores de los rituales satánicos”.

        Olivier Barde-Cabuçon revive un París pintoresco en el que a cualquier hora del día se arrojan baldes de agua sucia por las ventanas, donde los pícaros son los amos de la vida nocturna, y donde se ofician misas al revés sobre las lápidas de los cementerios. Mientras, a pocas leguas de allí, Versalles extiende el trazo limpio de sus jardines, como si quisiera ocultar las oscuras intrigas de sus prestigiosos moradores. Entre estos dos polos opuestos, el autor desarrolla una diabólica intriga jugando con el desbaratamiento y la inversión de las normas establecidas.

        Como en todas las novelas policiacas en las que los investigadores forman un dúo con personalidades antitéticas y complementarias, aquí también destacamos la pareja que forman Volnay y su ayudante el monje. De la mano de ambos nos encontramos con una novela que hace aumentar nuestro interés por la lectura, al tiempo que nos entretiene y aprendemos, por ejemplo, hechizos de todo tipo, brebajes para combatir alguna que otra enfermedad, moda, gastronomía…, en fin, nos asomamos a un escaparate maravilloso donde, además, pasamos frío, caminamos entre niebla lechosa y sobre nieve permanente.

        Dentro de la gastronomía no me resisto en reproducir el siguiente menú:

  • Primer plato… Ojos de ternero rellenos de trufas negras enteras y gratinados.
  • Segundo plato… Pato con ostras, hecho a la brasa y bañado en una salsa de jugo reducido de ternera y jamón, con un poco de tocino fundido, trufas y pequeñas setas aromatizadas.
  • Postres… Tarros de frutas confitadas: moras, frambuesas, ciruelas, manzanas y peras.

        Todo regado con champán (páginas 310/311).

        En definitiva una novela recomendable al cien por cien. Una delicia de lectura.

                                                                     Francisco Marín Pérez
 

Misa negra. Olivier Barde-Cabuçon


Ed.: Siruela. Barcelona 2015. 296 págs.



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