Cartagena Negra

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lunes, 27 de julio de 2015

SIEMPRE PAGAN LOS MISMOS - CARLOS BASSAS DEL REY

LA CEGUERA DE LA NATURALEZA HUMANA

          Cuando hice la reseña de la anterior novela de Carlos, El honor es una mortaja, decía lo siguiente: «Carlos Bassas es uno de esos autores de la generación de la década de los setenta que está revolucionando el panorama literario español, haciendo que particularmente me sienta tranquilo porque hay recambio en la narrativa de nuestro país, ¡y qué recambio!»

          Hoy me reafirmo y añado que mejora con el paso del tiempo. En Siempre pagan los mismos sigue en su línea del buen escribir –prosa muy clara y limpia-, de entretener y, sobre todo, de posicionarse contra la injusticia y el abuso. Defiende, por encima de todo, la cultura como escudo contra la corrupción y la manipulación política, sea del signo que sea.

          Acompañamos, en un nuevo caso, al inspector Herodoto Corominas en la ciudad de Ofidia… El subinspector Vázquez, compañero en El honor es una mortaja, ha abandonado la policía y regenta un bar. Ambos seguirán dialogando y compartiendo confidencias.

          En la ciudad de Ofidia no hay dioses celosos de la fortuna de los hombres, seguramente porque ninguna de sus casi trescientas mil almas la tiene. Quien mejor lo sabe es Herodoto Corominas. Un inspector de policía que nada –o casi- tiene que ver con el padre de la Historia, salvo por el hecho de que también desconfía de las apariencias y apela al sentido común ante los dos principales mecanismos que mueven el mundo: las pasiones y la injusticia. La ceguera, en fin, de la naturaleza humana.

          En ella piensa Corominas cuando un día aparece el cadáver de un agente municipal al que han rajado el vientre en plena calle y al que nadie llora. A medida que tira del hilo, lo que descubre sobre un adolescente desesperado, una conjura y un librero de viejo cansado de perder, tal vez no sirva para escribir una epopeya, pero si una trama intensa, aguda y sutil hecha con los pedazos que deja la vida cotidiana, esa en la que un trozo de verdad, aquí sí, es casi toda la verdad, y donde, pase lo que pase, siempre acaban pagando los mismos.

          Nos imbuimos en un remedo de Fuenteovejuna. Aquí podríamos preguntar: “¿Quién mató al municipal… todos a una…? ¿Hasta dónde puede aguantar una persona, un colectivo, un pueblo…, sin que las cabezas desvaríen, a causa de abusos, injusticias y corruptelas…? ¿Hasta cuándo?

          Carlos Bassas tiene la maestría de plasmar negro sobre blanco todo esto y más… denuncia y denuncia… Animo a los lectores que se sumerjan en su lectura y acabaremos, también, indignados; pero reaccionemos como Herodoto Corominas, hombre tranquilo que con una gran humanidad y sentido da pasos seguros en ese fangal de la corrupción –activa y pasiva-.

          De El honor es una mortaja extraje el siguiente pensamiento (página 210): «El dinero es un esperanto que entiende todo el mundo». Podemos aplicarlo, también, a Siempre pagan los mismos… pero, en esta ocasión, selecciono (página 165): «Cuando a uno le da por tener criterio propio...no le sirves a nadie». Firmo las dos y añado… leamos, leamos, reflexionemos, reflexionemos, tengamos criterio propio y no nos dejemos embaucar por nada ni por nadie.   Leamos, aunque sean los prospectos de los medicamentos. Pero mucho mejor leamos a autores como Carlos Bassas del Rey… merece la pena.

Francisco Marín Pérez

Siempre pagan los mismos; Carlos Bassas del Rey
Alrevés, 2015. 250 páginas



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